junio 05, 2015

Un zoológico secreto - Gatos y dioses

Quetzalcóatl devorando a sus hijos
Entre los realtos más importantes pero menos estudiados de la mitología mexicana se encuentra el de Quetzalcóatl que devora a sus hijos. Después de enviarlos a fundar la gran ciudad y establecer el Imperio más grande el continente, el dios volvería a la Tierra desde el otro lado del mar, y devoraría a cada uno de sus hijos. Después, daría a luz a una nueva raza de hombres, mitad humana y mitad serpiente, sin embargo, una indigestión lo hizo vomitar a sus hijos y el nuevo mundo superior quedó abolido.
"Aquí hay gato encerrado". -Schrödinger

Querido Spider Jerusalem:
Cuando abrí la caja, algo le había pasado a tu gato.
-Schrödinger

"Quisiera ser el gato de Crumb para meterte mano". -Schrödinger (cartas a la novia).


mayo 21, 2015

Burroughs Compendium

En 2014, Anagrama tomó la sabia decisión de reunir en un tomo las tres novelas más importantes de William Burroughs, Yonqui, El almuerzo desnudo y Queer.

Yonqui (1953)
La obra inicial de William Burroughs, Yonqui, todavía se encuentra lejos del casi ininteligible caos verbal de El almuerzo desnudo y sus siguientes obras, más experimentales. Yonqui es el relato de un adicto a la morfina y sus aventuras para conseguir la siguiente inyección del día. Es, también, el retrato progresivo de la búsqueda -infructuosa- de 'algo' que quizá la droga puede dar. Es el primer paso en el viaje mítico/místico que emprende Lee/Burroughs en busca de la ayahuasca, esa droga que lo cambiaría todo,
"el colocón definitivo".
    Aquí, Lee se convierte en adicto.
 

El almuerzo desnudo (1969)
Puede que sea su obra más conocida y atrevida, pero no necesariamente la mejor. Lejos estoy de decir que sea un mal libro, pues no lo es ni por asomo, pero hay una dificultad insalvable para calificarlo como 'mejor' o 'peor' que Yonqui o Queer, pero no es fácil elegir qué elementos son los importantes a tomar en cuenta, entre los muchos posibles: La historia, la estructura, la experimentación, los elementos lingüísticos, el desarrollo de personajes, la calidad narrativa en sí. El almuerzo desnudo es más experimental que las otras dos, al grado de que puede pasar sin que falte razón por una novela inconexa e ininteligible, una colección de relatos o viñetas satíricas de mal gusto, una novela desarticulada de sus partes que puede leerse al azar, o los diarios de un escritor adicto que da cuenta de sus delirios.
    Tras leer Yonqui y Queer, El almuerzo desnudo adquiere una legibilidad que, fuera del contexto de esta trilogía, no tiene. En Yonqui, Burroughs narra la vida de Lee, al volverse adicto; en El almuerzo desnudo, se representa el estado mental de Lee, posterior a la historia narrada en Queer, cuando ya ha decidido volverse escritor.
    Aquí, Lee cuenta sus números y delirios a un público interior, él mismo, como escritor.
 

Queer (1985)
La cereza que corona este pastel putrefacto, Queer fue publicado 30 años después de haber sido escrito, y las peripecias que llevaron a Burroughs a hacerlo, se difuminan pero no se pierden en la narración. De nuevo estamos ante una novela de estructura y corte tradicional, una narración cronológica inteligible, con una historia y un desarrollo claros, y personajes bien dibujados. Queer es la continuación de Yonqui, y el paso intermedio entre la narrativa convencional y la experimentación extrema de El almuerzo desnudo y la mayoría de sus obras posteriores. Pero mientras en su primera novela se narra cómo Lee se adentra al mundillo de la droga y se convierte en adicto, en ésta se cuenta lo que sucede cuando ha superado el síndrome de abstinencia y comienza la recuperación, cuando el apetito sexual reaparece con fuerza inusitada y las aventuras que emprende para ligar con un joven Allerton que lo rechaza e ignora constantemente.
    Aquí, Lee, que se está recuperando de la adicción, busca un público al que representar sus obsesiones y delirios, y lo encuentra en Allerton.


En conclusión, esta colección de tres novelas de William Burroughs, publicadas en la colección Compendium de Anagrama, es perfecta para adentrarse en la literatura de uno de los autores más interesantes e importantes de Estados Unidos en el siglo XX; es, también, una oportunidad de conocer sus obras iniciales, que, aunque pueden conseguirse por separado, no son tan conocidas como El almuerzo desnudo.

mayo 07, 2015

Philospunk: Steampunk filosófico

Ícaro salvado, Julio Nieto
En el principio fue el cyberpunk, una corriente de la ciencia ficción más oscura y realista, un retrato del futuro/presente o, como se diría de la obra de JG Ballard, "un presente visionario". De este subgénero nació el steampunk, que es una ciencia ficción retrofuturista (lo que se llama una ucronía, o sea una línea de tiempo alterna) que consiste sobre todo en: a) retratar el presente como se podría haber pensado en la época victoriana que sería, o: b) retratar la época victoriana con una tecnología más avanzada a la que realmente tuvo, basada eso sí en la máquina de vapor (steam = vapor).

Pero algunos autores pensaron que la máquina de vapor no era la única tecnología que pudo haber tenido avances, ¿por qué no hacer evolucionar los relojes y otros mecanismos basados en cuerdas y engranes? Así nace el clockpunk. ¿Y los motores a combustible? Tenemos el dieselpunk. ¿Qué tal un retrofuturismo de corte ambientalista? Ahí está el greenpunk. Representante de la era atómica y espacial, el atompunk.

El problema con todos estos subgéneros es que, mayormente, se enfocan en lo superficial y meramente estético (el vestuario y las máquinas, principalmente), y se olvidan de usar estos elementos como un medio para hacer literatura, tomándolos como un fin. Es algo común en la literatura de género, lo importante es precisamente el género con todos sus clichés, sus elementos recurrentes y su estética.

Pero yo concibo la ciencia ficción como la relación del ser humano con la tecnología que lo rodea, real o imaginaria, posible o imposible, y a ver esta relación lo aprendí de JG Ballard y de Ray Bradbury. Mediante la descripción de esta relación exploro los distintos significados de ser humano, o muestro diversas formas (no convencionales) de serlo, indicando de paso que la vida no tiene sentido, que la búsqueda del sentido de la vida de cada uno es una búsqueda personal (no espiritual, sino material), incluso quiero decir que es válido renunciar a esa búsqueda; también me interesa hacer una crítica a los valores convencionales/capitalistas, a los valores cristianos/católicos.

El relato de esta relación entre el hombre y la tecnología (mecánica y electrónica, pero también ideológica, como las tecnologías de control social) termina por ser una exploración filosófica, y pueden intervenir elementos psicológicos, políticos, religosos, sociales, en suma, ideológicos.

En mi cuento "Ícaro", que fue escrito originalmente para la colección The best of spanish steampunk, el steampunk sólo es el pretexto para contar una historia sobre una persona que da el salto icárico, esa idea filosófica de que la felicidad no es esa cómoda medianía de la clase burguesa (o de la clase media con valores burgueses) que consiste en tener un buen trabajo, una buena esposa, un buen hijo, una buena casa, un buen coche y un buen perro, sino en dar el salto hacia el sol, aunque el fuego derrita tus alas y la caída te mate; la felicidad no es alcanzable sino deseable, algo que se debe buscar continuamente aunque se tenga plena conciencia de que jamás se logrará, pues sin esa búsqueda la vida sólo es una sombra de lo que podría ser.

Con este cuento, con el que me gusta bromear diciendo que funda el philospunk o la filosofía en el steampunk, pretendo mostrar dos formas de vida opuestas, la de Altair, que quiere llegar al sol, y la de Boris, que quiere casarse y tener una casa propia. Aunque algunas formas de vida me parecen preferibles a otras, no es mi intención condenar unas mientras aplaudo a otras, sino decir: "Oigan, hay otras formas de vivir, ¿por qué no conocerlas? Incluso podríamos aprender algo."

abril 01, 2015

Hoja en blanco

Sí, es una bronca. No se me ocurre nada. Quiero escribir un buen cuento pero no lo logro. Llevo varias semanas así. No es que tenga prisa, pero así están las cosas. Quiero enviar algo al Amparo Dávila, pero no quiero enviar cualquier cosa. Tengo cientos de cuentos, pero casi todos son malos, o no cumplen con las características solicitadas. Si no escribo nada apropiado, no importa, tampoco es que me interese tanto participar en esa convocatoria, pero me molesta esta situación.

Normalmente, no me ocurre. Siempre ha sido fácil para mí escribir. No siempre lo hago bien, pero lo hago. Y eso vale más que no hacerlo, que es justo lo que está pasando ahora mismo, no lo estoy haciendo. He comenzado más de diez cuentos en los últimos días, y todos se han quedado sin terminar. Puros abortos, puros intentos malogrados.

A veces, para escribir algo, tomo como ejemplo un cuento de alguien más. Tomo como base su estructura o alguna situación interesante, o una palabra, idea o personaje. Y sobre esa base, voy creando algo diferente, algo que a mí me guste, me entusiasme, algo que me haga decir: "Esto es lo que quería". Eso precisamente he hecho, tomé algunas antologías de escritores mexicanos, agarré algunos números de Penumbria, eché un ojo a esos cuentos, buscando ese algo que detonara la escritura. Pero no hay nada. Sí, sería muy sencillo escribir un cuento "igual" a ésos que vi. Hace una especia de cover o revisión, una deconstrucción, una parodia. Pero no es eso lo que quiero, quiero hacer un buen cuento. ¿Es acaso tan difícil?

Cuando leí "Canción de cuna", escribí "Triángulos infernales". Tomé la estructura de Inés Arredondo para usarla a mi conveniencia y contar esa historia de un triángulo amoroso convertido en pesadilla. "Ícaro" y "Objetos vacíos" salieron tras analizar la forma de JG Ballard construir sus relatos, a partir de una idea filosófica o psicológica.  Pero estos días no he logrado hacerlo y ya comienzo a sentir la desesperación, la ausencia de palabras, de ideas importantes.

Sólo se me ocurre volver a mis lecturas. Seguir leyendo hasta que algo detone y las palabras salgan, las palabras necesarias.

¿Cómo harán esos escritores profesionales que colaboran en medios y cada semana, cada quincena, cada mes, tienen un nuevo cuento? Bueno, supongo que cuando la escritura se convierte en un trabajo, con horarios fijos, se vuelve mecánica y se escribe sobre cualquier cosa y de cualquier modo. Incluso Bradbury, que escribía a diario, en horarios fijados por él mismo, terminó por escribir una y otra vez el mismo cuento. Hermoso, hermosísimo cuento, sí, pero el mismo siempre, con las mismas palabras, los mismos paisajes, los mismos personajes...

marzo 19, 2015

Mariposa nocturna



Mi nombre es Bernardo, pero mis amigos me llaman el Oso. Salí en mi carcacha a visitar a mi hermano, que vive en Puebla. No era muy buen conductor, pero me gustaba hacerlo sobre todo porque escuchar la radio y llevar la ventanilla abajo, dejando que el viento me enredara el cabello, era uno de esos placeres de juventud que se habían quedado en mí hasta la vejez.
            Al llegar a la carretera México-Puebla, que por la noche se encuentra libre de viajeros, destapé mi whisky, envuelto en papel de estraza como el de cualquier borracho arquetípico. Di algunos sorbos y comencé a grabar:
            —Aurelio tomó el telescopio de su padre —dije con la voz muy ronca— y lo colocó frente a la ventana de su cuarto. Tal vez podría espiar a Karina mientras se cambiaba de ropa en el edificio de enfrente.
            Desde que había tenido el accidente en la carpintería, había dejado de escribir en cuadernos, limitándome a registrar mis relatos en una pequeña grabadora de reportero. Tenía pendiente la entrega de un nuevo libro, en realidad ya estaba completo pero sentía que le hacía falta aún un cuento más, pero no lograba dar con él. Ninguno de los relatos reunidos bajo el título de Guajolote desplumado me parece apropiado para dar inicio a esta colección. Esta colección no tiene un tono general, los temas y la forma de abordarlos, abundan, ninguno es más apropiado que el resto para dar inicio al libro, necesito uno más. Un cuento absurdo, cómico y algo dramático. Si no lograba hacerlo, entregaría la colección ordenada sólo alfabéticamente, y que el editor se hiciera bolas.
            Sentí hambre. Presioné el stop, salí de la carretera y descendí del auto. Regresé a subir el volumen, esa canción me gustaba. Saqué el recipiente con frijoles de la olla. Estaban fríos, era un viaje largo y no había remedio. De una arrugada bolsa de papel, saqué un bolillo y una bolsita de rajas. Comí con ánimo, pero lentamente, disfrutando del paseo y del aire limpio de la carretera. Oriné entre unos matorrales. Un automóvil cruzó la carretera a toda velocidad. Era hermoso estar ahí, en la soledad de la noche, sin preocupaciones serias en las que pensar.
            Después de grabar algunas líneas, volví a la carretera. Hacía buen tiempo, incluso podía escuchar el canto de algunos pájaros. Una mariposa nocturna se posó en el parabrisas. No viajaba tan rápido como para hacerla puré, así que pude observarla mientras movía sus alas y trataba de huir. Finalmente, lo consiguió; en un rápido movimiento, se alejó del coche, se internó en el bosque y la seguí con la mirada. Era una bella criatura, grande como un pájaro, de movimientos delicados, era como un calidoscopio del color de los troncos en la oscuridad.
            —No vi la curva. Me salí del camino. El mundo es extraño cuando lo miras cabeza abajo. Una mariposa nocturna, con un gran sentido de la ironía, se posa en el parabrisas mientras me doy cuenta de que ya tengo el cuento perfecto para arrancar mi libro.

noviembre 28, 2014

Llorona



Sueña la tierra el sueño del joven sin piel en el rostro y al que le han robado los ojos y que llora con siniestra sonrisa helada y no puede encontrar el camino a casa. Sueña con cuarenta y tres de sus queridos hijos que se han vuelto invisibles y perdidizos y permanentemente presentes en la memoria. Sueña la tierra, sola, se inquieta, retiembla, se estremece, crujen sus huesos, sus entrañas de fuego y de sangre, se encoge su corazón de piedra antigua. Sueña la tierra y su sueño es el sueño de las madres sin hijos; inconsolable. Se da vuelta sobre sí misma, se envuelve en su manto, tiene frío en el corazón. Llama a sus hijos y sólo le responde el silencio. Sueña la tierra y busca a sus hijos, los busca por los laberintos de la oscuridad y la soledad; los busca en parajes de tumbas anónimas; los busca en esos campos donde cuidaban plantas y se bañaban de sol, en un tiempo muy viejo cuando aún había sol; los busca entre las raíces de los incontables árboles que se entierran en su cuerpo, que se alimentan de ella —los árboles son sus hijos también, y sus raíces buscan a sus hermanos; los busca dentro de sí misma, en sus recovecos desconocidos donde pueden estar escondidos lejos del miedo y del clamor de las balas, donde pueden vagar, extraviarse, perderse. Sueña la madre tierra.
            Llueve. Lluvia de sangre. Los ríos de sangre corren por los pueblos como las venas de la tierra. Los ríos se desbordan, arrastran lo que pueden, los pueblos sucumben, las ciudades se convierten en fantasmas de hueso frágil, las madres lloran envueltas en sangriento huipil y esperan el regreso de los hijos desaparecidos. Llueve. Caen relámpagos y el cielo y el horizonte se tiñen de sangre. El mar se ha vuelto rojo y también el aire. La bandera se ha quedados sin esperanza, sin unidad, sólo conserva la sangre de los caídos.
            Sopla un viento de sombras. Despierta la tierra y llora. La tierra llora al recordar el sueño de su hijo sin piel en el rostro y al que le han robado los ojos, al recordar el sueño de los campos a los que les hacen falta cuarenta y tres de sus hijos queridos, el sueño de sí misma perdida en la oscuridad y el silencio. Llora y grita entre los callejones y caminos de piedra, llora y grita en las casas de adobe y los edificios de cristal, llora y grita al darse cuenta de que, después de todo, el sueño de sus hijos perdidos y tanta miseria, no eran un sueño en absoluto.

septiembre 24, 2014

Una máquina clonadora para Teófilo Huerta

Apesadumbrado por la imposibilidad de acudir a dos eventos que se realizarían simultáneamente, por un lado el curso de capacitación al que no podía darse el lujo de faltar y, por el otro, la conducción de la exposición de Antonieta Rivas Mercado, Teófilo Huerta acudió a mí en busca de ayuda. Él sabía que si existía una máquina clonadora funcional, yo la tendría entre mis cacharros, y no se equivocó.
    —Aquí la tienes —le dije y le entregué una caja de cartón corrugado de unos 60x60x60, debidamente sellada con la leyenda “Frágil”—, y no es necesario decirte que tengas cuidado con ella, ¿no?
    No queríamos que una horda de Teófilos Huerta anduviera libre por las calles de esta ciudad, ya de por sí demasiado concurrida por personajes que parecen todos haber sido cortados con la misma tijera.
    Durante unos días no pensé ni en Teófilo ni en la máquina clonadora, hasta que me enteré de que el intento de mi amigo había sido un fracaso. La máquina funcionaba perfectamente, que no se crea que ahí hubo error, ahora había dos Teófilos. El problema fue que, como eran idénticos, también lo eran sus pensamientos: ambos decidieron acudir al mismo evento y, al encontrarse en la frente a frente de camino a su destino, terminaron dándose de puñetazos, perdiéndose por completo de la posibilidad de acudir a cualquiera de los dos.

septiembre 18, 2014

Suicidios S.A.



Comenzaré mi relato con un cliché: El odio devoraba mi alma. Para librarme de la pesadumbre, llamé a una de esas compañías de suicidios que se han puesto en boga estos últimos años.
            —Buenas noches —dijo una voz dulce y un poco melancólica—, llama usted a Eutánatos S.A. de C.V., le atiende Romeo Rosas, ¿con quién tengo el gusto?
            —Con Miguel Ángel —mentí.
            —Hola, Miguel Ángel. ¿En qué podemos ayudarle?
            ¿Qué decirle? Estas empresas se dedican a aplicar la eutanasia a sus clientes, de forma legal y humana. Me preocupaba el asunto de mi identidad; no deseaba ser descubierto. El dinero no era problema, pero, ¿aceptarían efectivo? Le pedí a Romeo que me explicara las formas de pago y, por suerte, era posible realizar un depósito bancario de forma anónima.
            —Bueno, Miguel Ángel, si está decidido a cerrar el trato, sólo necesitamos que haga su depósito, nos envíe el comprobante con el sello del banco y nos mande sus datos personales.
            Tras darme la dirección a la que debía enviar el comprobante y asegurarme de que todo se realizaría con la mayor discreción y profesionalismo, colgó el teléfono. Me quedé con el auricular pegado a la oreja, escuchando un monótono sonido electrónico. Lo que haría, era importante. Me libraría del odio que me carcomía como, otro cliché, un cáncer y, sobre todo, le haría un bien a la ciudad.
            Con estos pensamientos, me fui a dormir. Al despertar, me sentía tranquilo, la cabeza me parecía más ligera, era la primera vez en mucho tiempo que no me sentía deprimido y con deseos de arrojarme por la ventana. Incluso desayuné bien y puse un poco de música.
            De camino a la oficina, pasé al banco a realizar el depósito. Era mucho dinero, pero valía la pena.
            La cajera me miró con recelo y… ¿Simpatía? ¿Compasión? Sin duda conocía la empresa a la que acababa de realizar el depósito, y su giro no le era indiferente. Me entregó mi recibo debidamente sellado, que guardé cuidadosamente en mi cartera. Sin demora, me dirigí a la oficina.
            Tomé fotografías del recibo, entré a mi correo electrónico y tecleé la dirección indicada. Escribí: “Buenos días. Envío adjunta la fotografía del comprobante de depósito. Incluyo aquí mis datos personales”. Tras completar la información, pulsé el botón de enviar.
            El resto del día, intenté no pensar en todo ello, concentrándome en mi trabajo. La jornada pasó con lentitud, el sonido de las máquinas de fax y los módems creaban un ambiente gris y un poco doloroso. Era una atmósfera de despedida, que se volvió demasiado real cuando mi jefe salió de su oficina y nos dio las buenas noches. No me di cuenta de que el día había terminado. Salí y me dirigí a casa, haciendo escala en la tienda para comprar la cena.
            A la mañana siguiente, pasé al puesto de periódicos y vi los titulares:
            “Descubren el cuerpo sin vida de Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Se presume suicidio”.
            Feliz por primera vez en muchos años, presenté mi renuncia y me dediqué a lo que realmente me gustaba: la venta de libros. No ganaría lo mismo que en la oficina, pero después de todo, siempre odié mi trabajo en el gobierno.